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Bioquimica del amor

Bioquimica del amor

Autor: Rosanel Veras Amador. Estudiante de Medicina de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Miembro del Comité Permanente de Salud Pública SCOPH. Miembro del Subcomité Salud Mental. Organización Dominicana de Estudiantes de Medicina (ODEM).

¿Te has preguntado qué ocurre en tu cuerpo cuando te enamoras?  

Usualmente dices que Sientes “mariposas en el estómago” cuando ves a la persona que te gusta y no sabes porque, pero más allá existen procesos bioquímicos ocurriendo que ni te imaginas, el ser humano descubrió en 1980 que existe una zona detonadora en una parte en tu cerebro que es la responsable que esto ocurra. El amor es un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino dando respuestas fisiológicas internas.

Para que llegue a ocurrir el amor o decir que amas a alguien deben pasar una serie de etapas de las cuales les hablo más adelante. Nuestros sentidos son la puerta de entrada para todo lo que ocurre fuera de nosotros, en el amor no hay excepción: una vez dentro, comienza la batalla química y hormonal. Encontrar a la persona que nos atraiga es el primer paso, y es también una responsabilidad que suele atribuirse al sentido de la vista. No en vano se afirma que “el amor entra por los ojos”; sin embargo, como también se dice “el amor es ciego”, ya que entra por las fosas nasales.

Esta afirmación se debe al descubrimiento de sustancias, que atraen o repelen a ciertos animales, llamadas feromonas, moléculas de bajo peso, que son lo suficientemente volátiles y resistentes como para viajar por el aire distancias cortas en humanos o largas como en los animales. Cuando se tiene al blanco en la mira y se produce el contacto visual, una descarga eléctrica pone al cerebro en un estado especial que despierta a un conjunto de células en el sistema límbico, que secretan a su vez una sustancia conocida como feniletilamina (FEA).

Hablemos de la primera sustancia o la encargada de liberar la cascada de neurotransmisores la cual los científicos la llaman “La directora de la orquesta del sentimiento”. Esta es la feniletilamina se esparce por todo el cerebro y orquesta el caos llamado amor. Inicialmente, provoca un estado de semiinconsciencia, en el cual se suspenden todas las acciones cerebrales: la vista, que generalmente es periférica, se vuelve central, enfocando como entre nubes al objeto causante del caos; se pierde el oído y, por ende, el habla; no hay sensación térmica en la piel ni equilibrio y se turba la coordinación de ideas y de movimiento.

El cerebro juega trucos, al dejar de oír, sólo se distinguen sonidos internos, como las palpitaciones o los ruidos intestinales. Sin embargo, nuestro cerebro no puede quedarse así, todo el caos dura menos de un segundo (caeríamos por la falta de equilibrio), es momento de que el cerebro tome las riendas del cuerpo. Para recuperar el control, el cerebro secreta dopamina o norepinefrina, ambos neurotransmisores, que estimulan al hipotálamo; éste último se comunica químicamente con la hipófisis, de ahí a la tiroides; luego al páncreas, las glándulas suprarrenales, y después, en el caso de las mujeres, con los ovarios; en el caso de los hombres, con los testículos. Al final de la comunicación química ocurre: cierre de vasos sanguíneos, venas y arterias periféricas; aumento de presión arterial; ligero aumento de temperatura; escalofríos; sudoración principalmente en cara y manos; aumento de frecuencia respiratoria, y por consiguiente, suspiros; al aumentar la frecuencia cardiaca se siente un vuelco, éste es el origen del “flechazo de cupido”.

Etapa: Afecto o enamoramiento (segunda fase neuroquímica)

Una vez que el primer encuentro acaba, el cerebro debe controlar el caos en el que se vio envuelto; es decir, nivelar las sustancias que fueron secretadas; para ello se activan los calmantes naturales por excelencia: endorfinas y encefalinas. En los hombres, la señal es casi imperceptible, y a la larga produce baja de peso; en cambio, para las mujeres, la necesidad de azúcar es imperiosa y puede provocar un aumento de peso. Después de todos estos procesos químicos, se produce oxitocina, conocida como “el péptido del amor” o “sustancia del abrazo”, que genera la urgencia de la sensación táctil, del contacto directo con la persona amada.

Etapa: Pasión (fase neuroendocrina)

El proceso amoroso es como una bola de nieve que rueda por una pendiente: cada vez más grande y menos contenible; eventualmente, el ciclo se cerrará, para culminar con las relaciones sexuales; para ello los impulsos eróticos serán cada vez más intensos y con intervalos más cortos. Las glándulas suprarrenales aumentarán su producción de testosterona tanto en hombres como en mujeres. En el caso de los hombres, la cantidad de testosterona aumentará mucho, ya que se sumará a la aportada por los testículos, ocasionando la llamada “valentía territorial” que servirá contra posibles contrincantes y una veloz iniciativa para presionar a la pareja. Para las mujeres esa pequeña diferencia en el aumento de testosterona provoca una especie de ceguera en el juicio y toma de decisiones, motivo por el cual no se oyen consejos y lo único en mente es estar con la pareja, aumentar el contacto físico y tener relaciones sexuales, con esto se cierra el ciclo amoroso.

El proceso químico que ocurre en nuestro organismo llamado amor, según científicos dura 7 años, pero cubrimos la carencia de estas fortaleciendo nuestro vínculo sociocultural, con la comunicación y el compromiso.

Referencias 

Alberoni, A. Enamoramiento y amor. Barcelona: Ed. Gedisa, 2000.

Liebowitz, M. The Chemistry of Love. Boston: Little Brown Pub, 1983

http://www.unamiradaalaciencia.unam.mx/la_prensa/lista_anteriores_detalle.cfm?vNoCartel=35

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