Ayudar a los niños a enfrentar los desafíos y seguir adelante después de un tropiezo fortalece su confianza y capacidad de superación. Con las estrategias adecuadas, pueden aprender a superar cualquier obstáculo y desarrollar resiliencia.
La Dra. Angela Mattke, pediatra en el Centro Pediátrico de Mayo Clinic, destaca que el crecimiento de los niños está marcado por intentos constantes y caídas que forman parte del aprendizaje. "A medida que los niños crecen, enfrentarán desafíos más grandes y complejos en el ámbito físico, mental y emocional. El papel de los padres es ayudarles a levantarse y seguir intentándolo", afirma la especialista.
Para preparar a los niños ante futuros desafíos, la Dra. Mattke recomienda:
- Valorar el proceso de aprendizaje: Enseñar a los niños que aprender una habilidad es tan importante como dominarla, y que el fracaso es parte natural de este proceso.
- Normalizar el fracaso: Ayudar a los niños a comprender que cometer errores es una oportunidad para aprender y crecer.
- Validar las emociones: Reconocer que sentirse decepcionado o frustrado es normal, y guiarles para gestionar estos sentimientos.
- Fomentar la reflexión: Animar a los niños a pensar en formas de afrontar la pérdida y recuperarse de ella.
- Compartir experiencias personales: Contar historias sobre momentos de fracaso personal y las lecciones aprendidas.
- Ser un ejemplo positivo: Mostrarles que también los adultos enfrentan nuevos desafíos y continúan intentándolo, aunque no sean expertos.
Además de estas recomendaciones, existen otras prácticas que pueden ayudar a los niños a desarrollar una mentalidad resiliente:
- Fomentar hábitos saludables: Una alimentación equilibrada y un sueño adecuado mejoran el bienestar emocional y mental, facilitando una mejor respuesta ante las dificultades.
- Enseñar técnicas de manejo del estrés: Practicar juntos ejercicios de respiración profunda o mindfulness puede ayudar a los niños a gestionar la ansiedad y la frustración.
- Promover la actividad física: El ejercicio regular no solo fortalece la salud física, sino que también mejora el estado de ánimo y la autoestima.
Estimular la creatividad: Actividades como la música, el arte o la escritura ayudan a los niños a expresar emociones y desarrollar habilidades de resolución de problemas.
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