Por el doctor Miguel Santos, Auditor Médico.
Entre la auditoría médica y la política pública: un compromiso no cumplido con la vida
La calidad en salud no es una noción abstracta ni un idealismo: es un requisito esencial para la construcción de una vida digna para nuestra población. En la República Dominicana, contar con una Política Nacional de Calidad en Salud representa un progreso importante a nivel normativo, no obstante, su puesta en marcha ha tenido que afrontar obstáculos estructurales que han limitado su verdadero impacto. Simultáneamente, la auditoría médica surgió como un instrumento técnico esencial para asegurar la mejora constante, aunque su implementación continúa siendo incompleta y fragmentaria.
Este artículo sugiere una reflexión crítica y propositiva: no hay calidad sin auditoría efectiva, y sin calidad no existe la justicia social en el ámbito de la salud.
La calidad en todos los ámbitos de la salud es considerada un derecho humano esencial, no una ventaja, sin embargo, tener acceso a los servicios de salud no asegura, por sí solo, que se obtengan resultados apropiados para cada circunstancia individual. La discusión real en la actualidad no se limita a la cobertura, sino que también abarca la dignidad, la seguridad y la calidad de los cuidados que las personas tenemos derecho a recibir.
La Política Nacional de Calidad en Salud define la calidad como:
- Un elemento que forma parte del desarrollo humano
- Una manifestación del derecho a la salud
- Una perspectiva de gestión estratégica enfocada en el usuario
No obstante, aquí aparece la primera tensión crítica:
¿De qué manera se traduce esta perspectiva en prácticas específicas en hospitales, clínicas y centros de atención médica de la República Dominicana?
La política oficial, por sí misma, admite una serie de adversidades que impactan la calidad del sistema sanitario en República Dominicana, incluyendo las siguientes:
- Deficiencias en la entrega de los servicios
- Fallas en la capacitación y el rendimiento del personal
- Dificultades con la tecnología, el agua potable y los medicamentos
- Ausencia de sistemas sólidos para la evaluación y el monitoreo.
A esto se añade una situación más alarmante: la calidad no solo depende de los recursos o la infraestructura, sino también de los procedimientos, la cultura dentro de la organización y los sistemas de control que funcionan para atender las demandas sanitarias de la población.
Es aquí donde la auditoría médica debe entrar en juego.
La auditoría médica no tiene que ser un mecanismo burocrático. Debe transformarse en un proceso técnico, evaluativo y preventivo cuyo objetivo es mejorar la calidad de la atención en salud. Infortunadamente, ha pasado a ser el eslabón crítico olvidado, ya sea de manera consciente o inconsciente.
Su labor comprende valorar la calidad de la actuación médica, examinar las estructuras, los procedimientos y los resultados, detectar fallos e impulsar mejoras continuas. Además, asegurar un uso eficaz de los recursos teniendo en consideración que su función se centra más en la colmena que en la abeja misma.
Además, su eje principal (la historia clínica), que posibilita reconstruir la realidad del cuidado ofrecido y se convierte en la prueba objetiva de la calidad o de la negligencia.
No obstante, en muchos sistemas de salud de Latinoamérica, incluidos contextos similares al de la República Dominicana, se ha mostrado que:
“Existen aplicaciones parciales y consecuentemente incumplimiento de la normativa establecida”.
Esto muestra una contradicción significativa en la que se reconoce la relevancia de la auditoría, pero no se establece completamente, permanece fragmentada y no se quiere o puede identificar el rol natural del control en ella.
La Política Nacional de Calidad en Salud sugiere, para cerrar la brecha de implementación entre la norma y la realidad, habilitar y acreditar servicios, supervisar el cumplimiento de las normas establecidas y realizar un monitoreo y evaluación continuos.
La auditoría médica, por su parte, determina que es necesario contar con sistemas organizados de evaluación, la formación de equipos multidisciplinarios, la elaboración de informes técnicos que incluyan recomendaciones y un mejoramiento constante basado en evidencia.
Sin embargo, en la práctica, estas dos dimensiones (la auditoría y la política) no siempre se comunican de manera eficaz, lo que resulta en un sistema con buenas intenciones normativas, pero también con una débil capacidad para ejecutar y controlar.
La falta de calidad no es únicamente un problema técnico, sino también uno ético y social, generando como consecuencia un efecto en la sociedad, cuando hay una escasez de calidad, esto cuesta vidas.
Esto se refleja en:
- Errores médicos prevenibles
- Diagnósticos erróneos o tardíos
- Empleo ineficaz de recursos públicos o privados
- Falta de igualdad en el cuidado
La mortalidad infantil y materna continúa siendo una prioridad nacional, como reconoce la propia política, esto demuestra que no existe igualdad ni uniformidad en la calidad.
En este contexto, la auditoría médica no se limita a analizar los procedimientos, sino que también salvaguarda vidas.
La Política Nacional de Salud también señala que la calidad no se trata de un evento, sino de una cultura que debe expandirse como una ola marina hacia todo y todos. Si se llevara a cabo la implementación que todo el sistema esté completamente sembrado por esa cultura de calidad, produciría así un cambio estructural genuino, lo cual significaría que:
Es necesario que los profesionales de la salud cambien su mentalidad, que los ciudadanos participen activamente, que se impulse la transparencia de las instituciones y que exista un deber compartido entre el Estado, la sociedad y el sistema.
La política lo califica como el desarrollo de «costumbres y valores enfocados en la excelencia».
De esta manera, la auditoría operacionaliza los principios, los hace visibles y los traduce de la teoría a la práctica mediante la evaluación continua, la corrección de las desviaciones, la retroalimentación sistemática y la mejora permanente, configurando así lo que, en toda forma de gestión, se reconoce como el ciclo de ciclo de Deming o PHVA (Planificar, Hacer, Verificar y Actuar).
Para obtener un impacto verdadero, es necesario combinar ambos enfoques en un modelo integrado en el que:
Se promueva y se implemente en la vida real la auditoría médica como un elemento de gestión, no como una formalidad.
Con el objetivo de perfeccionar el control, la transparencia y el análisis de los datos, se implementen la digitalización, la interconectividad y la trazabilidad de los historiales clínicos en todos los centros sanitarios, tanto públicos como privados.
El entrenamiento constante del personal sanitario en términos de calidad, no solo técnica, sino también ética y humana, para modificar el modelo actual por uno más crítico y eficaz, considerando como su objetivo principal al usuario, el cliente o el paciente (según como usted prefiera denominar a la persona que recibe la atención).
Los usuarios también deben participar activamente en la evaluación de la calidad. Es imprescindible brindarles la posibilidad de valorar los servicios recibidos y asegurar que sus aportes sean considerados de forma sistemática, de modo que se comprenda quién recibe la atención, qué percibe y cómo experimenta o expresa un evento esencialmente subjetivo cuando considera que la atención no ha sido adecuada.
La implementación, el uso sistemático y la difusión de indicadores públicos de rendimiento constituyen una estrategia clave, en tanto la transparencia actúa como un mecanismo de presión positiva que impulsa la mejora continua.
Al mismo tiempo, hago un llamado a la conciencia: el cuidado de la salud es una responsabilidad compartida. No se trata únicamente de las entidades estatales con injerencia directa o indirecta en el sistema, ni del Colegio Médico Dominicano (CMD) o de las sociedades médicas, es un compromiso que involucra a todo el conjunto de la sociedad, no a una de sus partes. Es un compromiso colectivo.
La calidad de la salud determina el tipo de sociedad que somos. Una sociedad que acepta una calidad baja en términos de salud también permite la desigualdad, la injusticia y el sufrimiento que podría evitarse.
La República Dominicana, a diferencia de otras naciones de la zona, tiene una base normativa robusta que asegura la calidad en salud. No obstante, la principal dificultad continúa siendo la distancia entre el diseño y su ejecución.
La auditoría médica, además de ser un elemento adicional, tiene que transformarse en el eje funcional del sistema de calidad.
Porque, al fin y al cabo, la pregunta no es técnica, sino que tiene un profundo carácter humano:
¿Estamos preparados para aceptar un sistema de salud que no asegure la calidad, a pesar de que sabemos que la calidad puede ser un factor determinante para salvar vidas?
La calidad en salud es dignidad, vida y justicia, no es lujo.
Y cada vida que se pierde por falta de calidad no es simplemente una estadística, sino una deuda social que nuestros líderes y/o sus representantes deben asumir en primer lugar al tomar el mando de la nación. Ellos tienen el deber de supervisar la realización de lo que hemos decidido voluntariamente para garantizar que nuestra sociedad tenga acceso a los servicios de salud con calidad.







