Un equipo internacional de investigadores ha identificado un mecanismo molecular temprano en la formación de la placenta que podría explicar el origen de la preeclampsia precoz, una condición grave que pone en riesgo la salud de la madre y del bebé.
El estudio, liderado por el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM-CSIC-UAM), en colaboración con la University of Melbourne y el BCNatal, fue publicado en la revista científica Cell Death and Disease.
La preeclampsia precoz afecta entre el 5 % y el 10 % de los embarazos y, en sus formas más severas, puede obligar a adelantar el parto antes de la semana 34 de gestación. Esta patología está asociada a una formación anómala de la placenta, el órgano responsable del intercambio de oxígeno, nutrientes y hormonas entre la madre y el feto.
El trabajo, encabezado por el investigador Vicente Pérez García, revela que un aumento anómalo de la proteína BAP1 en etapas tempranas del desarrollo placentario interfiere en la correcta especialización de las células que forman este órgano.
“BAP1 mantiene a las células de la placenta en un estado poco diferenciado. Para que puedan especializarse correctamente, sus niveles deben disminuir. Cuando esto no ocurre, el desarrollo placentario se ve comprometido”, explicó Pérez García.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo utilizó modelos celulares avanzados y organoides tridimensionales —estructuras que imitan el desarrollo temprano de la placenta— a partir de células madre humanas. Los experimentos demostraron que niveles elevados de BAP1 impiden la maduración celular adecuada y desencadenan procesos inflamatorios y respuestas inmunes similares a las observadas en casos reales de preeclampsia.
La investigadora Paula Doria-Borrell, primera autora del estudio, señaló que estos hallazgos replican características clave de la enfermedad, como la menor capacidad de la placenta para invadir el útero y las alteraciones en el intercambio materno-fetal.
Además, los científicos identificaron una “firma genética” asociada al desajuste de BAP1, capaz de distinguir con precisión muestras de preeclampsia precoz. Este descubrimiento abre la puerta a futuras herramientas de diagnóstico temprano y a una mejor comprensión de los mecanismos que originan la enfermedad.
Aunque se trata de una investigación en fase básica, los expertos destacan su relevancia para el desarrollo de estrategias de detección precoz y posibles intervenciones terapéuticas.
“Comprender cómo se regulan los procesos de especialización celular en la placenta es clave para entender el origen de muchas de sus enfermedades”, concluyó Pérez García.
Este avance representa un paso importante hacia la identificación temprana y el abordaje de una de las complicaciones más graves del embarazo.







