El sobrepeso y la obesidad infantil constituyen una problemática creciente que requiere un abordaje integral, no solo desde la consulta médica, sino también desde el entorno familiar, con especial cuidado para evitar la estigmatización y reducir el riesgo de futuros trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Especialistas de la Sociedad Española de Obesidad y la Asociación Española de Pediatría subrayan la importancia de tratar la obesidad infantil desde un enfoque global, centrado en la familia y en la modificación de hábitos de vida, más allá del peso como indicador único.
El pediatra Julio Álvarez, del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, recordó que la obesidad es una enfermedad compleja y multifactorial, con un componente genético relevante que puede influir hasta en un 60 % del riesgo de padecerla. En este sentido, advirtió que reducir el problema a “comer menos y moverse más” es una visión simplista que no refleja la realidad clínica.
Asimismo, señaló que el abordaje tradicional ha contribuido en ocasiones a la estigmatización, al señalar tanto a los menores como a sus familias como responsables del problema. En la actualidad, enfatizó, el enfoque debe basarse en el respeto, la escucha activa y la evaluación clínica sin juicios.
Desde la SEEDO, la nutricionista Cristina Porca destacó que el tratamiento no debe basarse en prohibiciones alimentarias, sino en la educación nutricional y la creación de hábitos saludables en todo el entorno familiar.
“Lo importante no es prohibir, sino limitar y explicar el porqué de las decisiones alimentarias”, explicó, subrayando que imponer dietas diferenciadas dentro del hogar puede generar frustración y aumentar el riesgo de una relación disfuncional con la comida.
Ambos expertos coincidieron en que el cambio debe implicar a toda la familia, evitando mensajes contradictorios o prácticas que refuercen la culpa, como obligar a “compensar” lo que se ha comido o etiquetar alimentos como “buenos” o “malos” de forma rígida.
Los especialistas insistieron en evitar términos como “gordito” o “rellenito”, ya que la evidencia científica demuestra que pueden generar daño emocional y reforzar el estigma. En su lugar, recomiendan referirse a la obesidad como una condición de salud que requiere acompañamiento y no juicio.
También destacaron la importancia de respetar las señales de hambre y saciedad, así como de promover una alimentación equilibrada basada en alimentos de calidad nutricional, sin recurrir a restricciones innecesarias.
El abordaje de la obesidad infantil debe incluir, además de la alimentación, la promoción de la actividad física en familia, una adecuada higiene del sueño y la reducción del tiempo de pantalla. Los expertos advierten que el uso excesivo de dispositivos electrónicos no solo favorece hábitos alimentarios inadecuados, sino que también puede incrementar la ansiedad y otros problemas emocionales.
En conjunto, los especialistas coinciden en que el tratamiento más efectivo es aquel que implica a toda la familia en un cambio progresivo de estilo de vida, sin centrarse exclusivamente en el menor.
“La clave es que el niño o la niña perciba el cambio como algo natural, compartido por todos los miembros del hogar, y no como una intervención dirigida únicamente a él o ella”, concluyó la vocal de la SEEDO.
El consenso clínico actual apunta a que la obesidad infantil debe abordarse desde una perspectiva de salud integral, evitando la estigmatización y priorizando la educación, el acompañamiento familiar y la creación de entornos saludables.
Fuente EFE.







