Pasar más tiempo al aire libre podría ser la medida más eficaz para prevenir la miopía en la infancia, según un estudio liderado por el Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Medicine, concluye que los niños que pasan al menos siete horas semanales al aire libre tienen hasta un 50 % menos de riesgo de desarrollar miopía. Además, cada hora adicional reduce el riesgo en un 2 % extra.
El estudio se basó en el análisis de 2.262 escolares de la Comunidad de Madrid y utilizó un innovador biomarcador denominado CUVAF (autofluorescencia ultravioleta conjuntival), que permite medir la exposición acumulada a la luz solar a través de una “huella” detectable en el ojo.
El investigador Sergio Recalde explicó que esta huella se produce como una respuesta natural del ojo a la exposición solar, similar al bronceado en la piel. “Cuanto más tiempo pasan los niños al aire libre, menor es la probabilidad de desarrollar miopía. Es un factor protector muy importante”, afirmó.
Entre los factores que explican este efecto protector se encuentran la producción de dopamina inducida por la luz solar —clave para el correcto desarrollo ocular—, la regulación del ciclo circadiano y el hábito de enfocar la vista a largas distancias, en contraste con el uso prolongado de pantallas y la visión cercana.
Los expertos advierten que la etapa más crítica para el desarrollo de la miopía se sitúa entre los 8 y los 16 años, cuando el ojo aún está en crecimiento. También identifican un segundo periodo de riesgo durante la etapa universitaria, debido al aumento del tiempo dedicado a actividades de lectura y pantallas.
El estudio alerta además sobre el incremento de casos en los últimos años: la prevalencia de miopía pasa de un 6 % en estudiantes de segundo de primaria a un 18 % en sexto, lo que supone que se triplica en apenas tres o cuatro años.
Aunque la miopía tiene un componente genético, los especialistas subrayan que los hábitos de vida juegan un papel determinante. En este sentido, recomiendan fomentar actividades al aire libre desde edades tempranas como una estrategia clave de prevención.
“Es como una balanza: si los niños pasan más tiempo con pantallas, aumenta el riesgo; si juegan más al aire libre, aumenta la protección frente a la miopía”, concluyó Recalde.
Los resultados refuerzan la necesidad de promover estilos de vida más activos en la infancia, en un contexto marcado por el creciente uso de dispositivos electrónicos y la reducción del tiempo en exteriores.
Fuente EFE.







