Un estudio internacional liderado por el Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC) y la Universidad de Varsovia reveló que la capacidad de la bacteria Staphylococcus aureus para adherirse a proteínas del organismo podría desempeñar un papel clave en la gravedad de las infecciones sanguíneas que provoca.
Los resultados de la investigación, publicados en la revista Nature Communications, muestran que las cepas bacterianas con mayor capacidad de adherencia pueden desencadenar una respuesta inmunitaria más rápida y eficaz, lo que podría favorecer una mejor recuperación de los pacientes.
Staphylococcus aureus es una bacteria presente de forma natural en aproximadamente el 30 % de la población, principalmente en la piel y la nariz. Aunque generalmente no ocasiona problemas, puede provocar desde infecciones cutáneas leves hasta infecciones graves en el torrente sanguíneo, con tasas de mortalidad que pueden alcanzar entre un 20 % y un 40 % en los casos más severos.
La investigación analizó 236 cepas bacterianas obtenidas de pacientes con infecciones sanguíneas en Francia y Polonia. Los científicos estudiaron la capacidad de estas bacterias para adherirse a dos proteínas humanas fundamentales: fibrinógeno y fibronectina, esenciales para la coagulación y la reparación de tejidos.
Los resultados mostraron diferencias importantes entre las distintas cepas estudiadas.
El investigador del CSIC y líder de la participación del IBV en el estudio, Francesc Coll, explicó que las bacterias con mayor capacidad de unión a estas proteínas provocaban una respuesta inflamatoria más rápida.
“Las cepas con mayor capacidad de adhesión se asociaron con un aumento de la respuesta inflamatoria rápida en los pacientes”, indicó.
Los investigadores observaron que las cepas altamente adherentes, pero con baja producción de toxinas, tendían a activar una respuesta defensiva intensa que ayudaba al organismo a controlar la infección.
En contraste, las bacterias con menor capacidad de adherencia pero con mayor producción de alfa-toxina parecían evadir con más facilidad el sistema inmunológico y estaban relacionadas con cuadros clínicos más severos.
El estudio también identificó alteraciones genéticas relacionadas con proteínas de superficie bacteriana, conocidas como adhesinas, que influyen directamente en la capacidad de las bacterias para fijarse a tejidos y estructuras del organismo.
Los autores consideran que evaluar simultáneamente la capacidad de adhesión y producción de toxinas de una bacteria podría convertirse en una herramienta útil para estimar el riesgo de complicaciones en pacientes con bacteriemia.
La investigadora Marta Zapotoczna señaló que estos hallazgos podrían complementar las estrategias tradicionales utilizadas para controlar infecciones.
Los científicos destacan que este enfoque podría contribuir en el futuro al desarrollo de nuevas estrategias para predecir mejor la evolución de los pacientes y diseñar tratamientos más precisos frente a infecciones bacterianas graves.







