Un mes después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara una emergencia de salud pública de importancia internacional por el brote de ébola causado por la cepa Bundibugyo en la República Democrática del Congo (RDC), la enfermedad continúa propagándose y ya acumula más de 800 casos confirmados y cerca de 200 fallecimientos.
De acuerdo con las últimas cifras de las autoridades congoleñas, el brote registra hasta el momento 808 casos confirmados, 192 muertes y 363 pacientes hospitalizados en aislamiento. Además, 56 personas han logrado recuperarse de una enfermedad caracterizada por fiebres hemorrágicas y para la que todavía no existe una vacuna ni un tratamiento específico eficaz contra esta variante del virus.
Aunque el pasado 8 de junio la OMS redujo de “alto” a “bajo” el nivel de riesgo para el continente africano, manteniendo la alerta para la RDC y los países vecinos, la organización reconoce que los esfuerzos para contener la transmisión aún no han logrado frenar la expansión del brote.
Las provincias orientales de Ituri y Kivu siguen siendo los principales focos de transmisión. Desde estas zonas, una veintena de casos ya han sido detectados en Uganda, lo que aumenta la preocupación por una posible expansión regional.
Según Olivier Le Polai, jefe de la Unidad de Epidemiología de la OMS en Ituri, casi a diario se identifican nuevos casos en áreas sanitarias que previamente no registraban contagios, lo que sugiere que la magnitud real de la epidemia podría ser superior a la reportada oficialmente.
“La alta movilidad de la población dificulta el seguimiento de los casos y favorece la propagación del virus”, señaló el especialista.
Obstáculos para contener la epidemia
La respuesta sanitaria enfrenta importantes desafíos debido a la fragilidad del sistema de salud congoleño, las dificultades logísticas y la inseguridad generada por grupos armados que operan en las zonas afectadas.
La OMS, junto a otros organismos internacionales, ha reforzado la vigilancia epidemiológica, el funcionamiento de laboratorios, la participación comunitaria, las medidas de prevención y la atención clínica de los pacientes.
Sin embargo, organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF) advierten que la capacidad de respuesta está siendo superada por la velocidad de expansión del brote.
“Un mes después, el brote de ébola está superando la capacidad de respuesta. Nadie conoce la verdadera magnitud ni la propagación exacta de la enfermedad en el país”, afirmó Kate White, coordinadora médica de emergencias de MSF en la RDC.
La especialista explicó que la mayoría de los centros de tratamiento en Ituri, provincia que concentra alrededor del 95 % de los casos según la organización, se encuentran saturados y reciben pacientes en etapas avanzadas de la enfermedad.
Además, señaló que muchos enfermos nunca fueron identificados previamente como contactos de casos confirmados, lo que dificulta las tareas de rastreo y control epidemiológico.
Desconfianza y crisis humanitaria
MSF también destaca que la violencia persistente en el este del país limita el acceso a numerosas comunidades, donde millones de personas ya enfrentaban desplazamientos forzados, escasez de servicios médicos y una respuesta humanitaria insuficiente.
La organización advierte que incluso en las zonas relativamente estables persisten deficiencias en la detección de casos, la realización de pruebas diagnósticas y el seguimiento de contactos.
A estas dificultades se suma la desconfianza de algunas comunidades hacia los equipos sanitarios, en un contexto donde el ébola se percibe como una crisis más dentro de una larga lista de problemas de salud no resueltos.
“Las mujeres embarazadas siguen necesitando atención materna, los niños vacunas y los pacientes tratamiento para enfermedades como la malaria o el cólera”, recordó White.
Uno de los brotes más graves de la historia
La agencia de salud de la Unión Africana considera que el actual brote es el tercero más importante registrado desde el descubrimiento del virus en 1976 en la propia República Democrática del Congo.
El brote más grave ocurrido en el país se desarrolló entre 2018 y 2020, también en la región oriental, cuando se registraron 3.481 casos, 2.299 fallecimientos y más de mil supervivientes antes de que la transmisión fuera controlada.
A nivel mundial, la epidemia más devastadora tuvo lugar entre 2014 y 2016 en Liberia, Sierra Leona y Guinea, donde más de 11.000 personas murieron y otras 28.000 resultaron infectadas.
Aunque los avances científicos permitieron desarrollar vacunas eficaces contra la cepa Zaire del virus, estas no ofrecen protección frente a la variante Bundibugyo responsable del actual brote en la República Democrática del Congo, lo que complica aún más los esfuerzos para contener la emergencia sanitaria.
Fuente EFE.







