Una investigación desarrollada por el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC) y el Institut de Recerca Sant Pau (IR Sant Pau) identificó cambios moleculares en la sangre de pacientes con trastorno depresivo mayor que podrían ayudar a medir la respuesta a tratamientos psicológicos.
El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, analizó biomarcadores conocidos como microARN en 22 pacientes con depresión mayor antes y después de participar durante 12 semanas en intervenciones psicoterapéuticas. Los resultados aportan evidencia de que las terapias psicológicas generan respuestas biológicas medibles en el organismo.
Los investigadores observaron que las sesiones de terapia provocaron modificaciones en los microARN, pequeñas moléculas que regulan la actividad de los genes en las células, y que estos cambios estuvieron relacionados con mejoras en funciones cognitivas como la atención, la memoria y la capacidad de procesamiento.
La investigación fue liderada por Maria J. Portella, del IR Sant Pau, y Analia Bortolozzi, del IIBB-CSIC, con participación de especialistas de ambas instituciones y del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.
Dos terapias, dos perfiles moleculares diferentes
El trabajo evaluó los efectos de dos intervenciones psicológicas no farmacológicas: la remediación cognitiva integral, enfocada en mejorar funciones cerebrales como la atención y la memoria, y la psicoeducación, orientada a ayudar al paciente a comprender su trastorno y desarrollar estrategias para afrontarlo.
El análisis de 38 microARN circulantes en sangre permitió identificar dos firmas moleculares diferentes.
En los pacientes que recibieron remediación cognitiva se detectó una firma compuesta por siete microARN relacionados con procesos como la neuroplasticidad, la comunicación entre neuronas y la transmisión sináptica. Estos cambios se asociaron con mejoras objetivas en el rendimiento cognitivo.
Por otro lado, la psicoeducación generó modificaciones en otros dos microARN vinculados al equilibrio celular y mecanismos relacionados con la respuesta al estrés.
“Las terapias psicológicas actúan como estímulos biológicos específicos, induciendo trayectorias moleculares distintas en la sangre que no se solapan”, explicó Bortolozzi, quien destacó que los resultados muestran una base biológica medible de las intervenciones psicológicas.
Hacia una psiquiatría más personalizada
Los investigadores señalan que estos hallazgos podrían abrir la puerta al desarrollo de herramientas para monitorizar la recuperación de pacientes con depresión y avanzar hacia una psiquiatría de precisión, donde la elección del tratamiento pueda adaptarse al perfil molecular de cada persona.
“En el futuro, la selección de la intervención terapéutica podría personalizarse basándose en el perfil molecular del paciente, en lugar de depender únicamente del método de prueba y error clínico”, indicó Portella.
No obstante, los especialistas advierten que los resultados son preliminares y deben confirmarse en estudios con grupos más amplios antes de incorporarse a la práctica clínica. También señalan que aún no está claro si los cambios en los microARN son la causa de la mejoría o una consecuencia del proceso terapéutico.
Los microARN resultan especialmente prometedores porque pueden detectarse en plasma sanguíneo y tienen capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica, lo que los convierte en posibles indicadores para evaluar la respuesta del cerebro a las terapias.







