La glándula tiroides desempeña un papel determinante en el funcionamiento del corazón y en el control de los niveles de colesterol, por lo que alteraciones en su funcionamiento pueden desencadenar importantes complicaciones cardiovasculares, explicó la endocrinóloga Sherezade Hasbun.
La especialista, pasada presidenta de la Sociedad Dominicana de Endocrinología y Nutrición (SODENN), señaló que la tiroides es una glándula en forma de mariposa ubicada en la parte frontal del cuello y encargada de producir las hormonas T3 y T4, responsables de regular el metabolismo, la temperatura corporal, el ritmo cardíaco, la digestión y el estado de ánimo.
Indicó que los trastornos tiroideos más frecuentes son el hipotiroidismo, cuando la glándula produce pocas hormonas y el metabolismo se vuelve más lento, y el hipertiroidismo, caracterizado por una producción excesiva de hormonas que acelera el funcionamiento del organismo.
La doctora Hasbun explicó que ambas condiciones pueden afectar directamente al corazón. En el caso del hipotiroidismo, pueden presentarse bradicardia o latidos cardíacos lentos, aumento de la presión arterial y acumulación de líquido alrededor del corazón, conocido como derrame pericárdico, mientras que el hipertiroidismo puede provocar taquicardia, fibrilación auricular y aumenta el riesgo de insuficiencia cardíaca.
Destacó que hasta un 15 % de los pacientes con fibrilación auricular podrían tener un hipertiroidismo no diagnosticado como causa subyacente.
La doctora Hasbun afirmó que el hipotiroidismo severo reduce la capacidad del músculo cardíaco de contraerse, puede ocasionar una cardiomiopatía hipotiroidea, una afección que disminuye la capacidad del corazón para bombear sangre, aunque puntualizó que puede revertirse si se trata oportunamente la alteración tiroidea.
“En casos de hipotiroidismo muy prolongado sin tratar, puede desarrollarse una cardiomiopatía hipotiroidea, que es reversible si se trata la causa tiroidea a tiempo!”, expresó.
En cuanto al hipertiroidismo, advirtió que el principal riesgo cardiovascular es la fibrilación auricular, una arritmia que aumenta la posibilidad de formación de coágulos y accidentes cerebrovasculares.
La endocrinóloga también resaltó la relación entre la tiroides y el colesterol, al explicar que las hormonas tiroideas regulan la velocidad con la que el hígado procesa y elimina el colesterol LDL o “colesterol malo”.
Precisó que cuando la tiroides funciona lentamente, el colesterol y los triglicéridos tienden a acumularse en la sangre, por lo que el hipotiroidismo constituye una causa frecuente de hipercolesterolemia.
“Un paciente con colesterol alto que no responde adecuadamente al tratamiento debe ser evaluado para descartar hipotiroidismo antes de aumentar la dosis del medicamento e incluso antes de iniciar el tratamiento para el colesteriol”, sostuvo.
Asimismo, explicó que al tratar el hipotiroidismo con levotiroxina y normalizar los niveles de TSH, el colesterol LDL y los triglicéridos pueden mejorar significativamente, en algunos casos sin necesidad de medicamentos adicionales para reducir el colesterol.
Entre los síntomas que deben alertar a la población mencionó cansancio extremo, piel seca, caída del cabello, aumento de peso, sensación constante de frío, presión arterial elevada, palpitaciones, sudoración excesiva, nerviosismo e insomnio.
Como mensaje final, recomendó no tratar síntomas cardiovasculares o metabólicos de manera aislada sin investigar posibles alteraciones tiroideas.
“Un diagnóstico tiroideo a tiempo puede evitar años de medicamentos innecesarios y reducir significativamente el riesgo cardiovascular”, concluyó.








