La discusión regional en torno a la vacunación continúa centrada principalmente en la población infantil. Sin embargo, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el enfoque debe abarcar todo el curso de la vida, incluida la longevidad saludable, lo que demanda que la vacunación en América Latina deje de concebirse como una estrategia dirigida exclusivamente a la infancia y se consolide como una política pública que proteja a las personas en todas las etapas de la vida.
Así lo afirmó el doctor José Brea del Castillo durante la conferencia «Una mirada sobre inmunoprevención en América Latina«, presentada en el Congreso Latinoamericano de Vacunología, donde señaló que la región enfrenta importantes desafíos para ampliar la cobertura de vacunación en adolescentes, embarazadas, adultos y, especialmente, en los adultos mayores, un grupo poblacional que crece aceleradamente y continúa presentando una de las mayores brechas en inmunización.
Brea explicó que la Agenda de Inmunización 2030 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) coloca como eje central la vacunación durante todo el curso de la vida, incorporando nuevos indicadores que permiten medir no solo las coberturas nacionales, sino también las desigualdades territoriales, el número de personas que nunca han tenido contacto con los servicios de inmunización y la amplitud de protección alcanzada por los programas nacionales.
“La vacunación a lo largo del curso de la vida yo creo que va a ser el eje central transversal, la columna vertebral de la vacunología”, expresó el especialista, al destacar que la protección debe comenzar desde la primera infancia, continuar en la adolescencia, fortalecerse durante el embarazo y mantenerse durante la adultez y la vejez.
Durante su ponencia, el especialista advirtió que el envejecimiento poblacional obliga a rediseñar los programas nacionales de inmunización. “Con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento poblacional, es esencial reconocer la necesidad de administrar vacunas en diferentes momentos de la vida adulta”.
Recordó que desde 2019 el mundo registra, por primera vez, más personas mayores de 65 años que niños menores de cinco años y que, en las Américas, la población mayor de 60 años prácticamente se duplicará para 2050.
“Latinoamérica envejece más rápido que otras regiones del mundo, pero también hay un aumento de las personas muy mayores en la región”, sostuvo.
Según explicó, el principal obstáculo para aumentar la vacunación en los adultos mayores no responde a la falta de evidencia científica sobre los beneficios de las vacunas, sino a deficiencias estructurales en los sistemas de salud.
“El principal problema de la vacunación del adulto y del adulto mayor en nuestra región no es que falten fundamentos biológicos; es que falta arquitectura programática, financiamiento protegido, denominadores confiables e integración real con la atención primaria”, afirmó.
Añadió que todas las estrategias exitosas implementadas durante décadas en los programas infantiles deben trasladarse ahora a la vacunación de los adultos, integrándolas al manejo de enfermedades crónicas, los egresos hospitalarios, la atención prenatal y los servicios geriátricos.
Brea advirtió que América Latina mantiene una gran brecha de datos sobre la vacunación en adultos, ya que la información disponible es heterogénea y poco comparable entre países, lo que dificulta evaluar los programas, identificar brechas y tomar decisiones basadas en evidencia.
Además, recordó que la carga de enfermedades prevenibles mediante vacunación en los adultos mayores sigue siendo elevada. Solo la influenza causa unas 80 mil muertes anuales en las Américas, de las cuales el 81 % corresponde a personas de 65 años o más. En ese sentido, enfatizó que «tener un calendario no equivale a tener programas para adultos mayores».
Finalmente, el especialista llamó a consolidar la vacunación del adulto como una política pública permanente, con financiamiento estable, sistemas de información robustos y monitoreo continuo.
“Latinoamérica no necesita inventar la vacunación adulta, sino consolidarla como una política pública regular, medible y financiada”, concluyó.








