La Mesa “Bioética y realidad social” de la Comisión Nacional de Bioética desarrolló el el panel “Violencia infantil y responsabilidad social en la protección de la niñez”, el mismo contó con la participación de la Dra. Farah Segura Fernández y Licda. Geny Lozada, representantes de UNICEF, y el Dr. Ricardo Elías Melgen, pediatra, especialista en salud pública y bioética, del Ministerio de Salud Pública.
El encuentro abordó la violencia infantil como una grave vulneración de derechos humanos, un problema de salud pública y una responsabilidad ética que involucra a la familia, la comunidad, las instituciones y el Estado.
La violencia también ocurre en espacios que deberían proteger a la niñez
Uno de los aspectos más importantes fue el reconocimiento de que la violencia contra niños, niñas y adolescentes ocurre con frecuencia en espacios que deberían brindarles seguridad, como el hogar, la escuela, la comunidad y los servicios de salud. También se señaló el crecimiento de nuevas formas de violencia en los entornos digitales, entre ellas el acoso, la exposición de datos personales, la explotación sexual y el acceso a contenidos dañinos.
El maltrato infantil va más allá de los golpes
Los expositores explicaron que la violencia infantil no se limita a los golpes. Incluye el maltrato físico, la agresión psicológica, el abuso sexual, la negligencia, la explotación, el acoso entre pares y la omisión de cuidados básicos. La negligencia también constituye violencia cuando las personas responsables no garantizan alimentación, salud, educación, protección, seguridad emocional y condiciones adecuadas para el desarrollo.
Expertos cuestionan la normalización del castigo corporal
Un punto central del conversatorio fue la normalización cultural del castigo corporal en la sociedad dominicana. Expresiones como “a mí me criaron así y estoy bien” o la aceptación del chancletazo, los correazos, pellizcos y golpes como formas legítimas de disciplina contribuyen a reproducir la violencia entre generaciones. Se aclaró que disciplinar no significa maltratar y que la crianza positiva no implica ausencia de límites, sino educar mediante la comunicación, el afecto, la escucha, la regulación emocional y consecuencias no violentas.
El 54.9 % de los niños experimentó disciplina violenta
De acuerdo con datos presentados de la encuesta MICS 2025, aproximadamente el 54.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años experimentó alguna forma de disciplina violenta, el 52.4 % sufrió agresión psicológica y el 37.9 % recibió castigo físico. Además, un 12.1 % de las personas cuidadoras considera necesario el castigo físico. Resultó especialmente preocupante la presencia de prácticas violentas en niños y niñas de entre uno y cuatro años.
La violencia afecta el desarrollo físico, emocional y social
La violencia tiene consecuencias profundas en el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social. Puede provocar lesiones, dificultades de aprendizaje, bajo rendimiento escolar, problemas de autoestima, ansiedad, depresión, síntomas de estrés postraumático, dificultades para regular las emociones y deterioro de los vínculos afectivos. También aumenta la probabilidad de que la violencia se reproduzca posteriormente en las relaciones familiares, sociales y comunitarias.
El sistema de salud enfrenta desafíos para detectar casos de violencia
El panel destacó las debilidades existentes en la detección de casos dentro del sistema de salud. Muchos niños llegan a consultas y emergencias con fracturas, hematomas, mordidas, heridas o señales emocionales que podrían estar relacionadas con el maltrato, pero no siempre existen protocolos obligatorios, formación especializada o mecanismos eficaces de referencia. La identificación no debería depender únicamente de la sensibilidad personal de quien atiende, sino de procedimientos institucionales claros.
Violencia infantil: un problema también estructural
También se subrayó que la violencia infantil es un problema estructural. La pobreza, la exclusión social, la inseguridad alimentaria, la falta de acceso a servicios de salud y educación, el trabajo infantil, la discriminación, la discapacidad, la migración, la violencia comunitaria y la debilidad institucional aumentan la vulnerabilidad de la niñez. Por tanto, no es suficiente responsabilizar exclusivamente a las familias sin analizar las condiciones sociales en las que ocurre la crianza.
La bioética coloca la dignidad y el bienestar de la niñez en el centro
Desde la bioética, la protección de la infancia debe fundamentarse en los principios de dignidad, justicia, equidad, solidaridad, responsabilidad, cuidado, no maleficencia y promoción del bienestar. También debe respetarse la autonomía progresiva de niños, niñas y adolescentes, permitiéndoles participar en las decisiones que les afectan de acuerdo con su edad y nivel de desarrollo.
La protección de la niñez es una responsabilidad social compartida
La principal conclusión del conversatorio fue que la protección de la niñez constituye una responsabilidad social compartida. La familia debe ofrecer vínculos seguros y formas de crianza no violentas; la escuela debe prevenir, detectar y comunicar situaciones de riesgo; los profesionales de salud deben identificar señales y activar las rutas de protección; la comunidad debe generar redes de apoyo; los medios y plataformas digitales deben asumir responsabilidades; y el Estado debe garantizar políticas públicas, presupuesto, servicios especializados y una legislación que prohíba claramente el castigo corporal en todos los entornos.
Entre las acciones prioritarias propuestas se encuentran:
• Promover programas permanentes de crianza positiva y escuelas para madres, padres y cuidadores.
• Capacitar al personal de salud y educación en detección temprana, atención y derivación de los casos.
• Crear protocolos interinstitucionales que eviten la revictimización. • Prohibir explícitamente el castigo corporal en todos los espacios.
• Fortalecer el sistema nacional de protección de la niñez con personal, servicios y presupuesto suficientes.
• Desarrollar campañas de sensibilización para desmontar la normalización cultural de la violencia.
• Regular los entornos digitales y responsabilizar a las empresas tecnológicas por los riesgos que afectan a menores de edad.
• Ampliar el apoyo psicológico y social para niños, niñas, adolescentes y familias. • Producir investigaciones y datos que orienten las políticas públicas.
• Coordinar las acciones de salud, educación, protección social, justicia, academia y sociedad civil.
Prevenir la violencia y garantizar entornos seguros para la niñez
En síntesis, el conversatorio sostuvo que proteger a la niñez no consiste únicamente en reaccionar cuando el daño ya ocurrió. Implica prevenir, transformar las condiciones sociales que producen violencia y construir entornos donde cada niño, niña y adolescente pueda crecer con dignidad, seguridad, afecto y pleno ejercicio de sus derechos.
Fuente: Comunicado oficial Comisión Nacional de Bioética. Información adaptada por la Redacción de DiarioSalud.







